8 septiembre 2026 - 14:59
fuente: Abna24
El respeto: un derecho mutuo entre padres e hijos

A veces suponemos que toda la responsabilidad de la familia recae sobre el hijo: debe respetar, obedecer, guardar silencio, soportar y nunca responder a sus padres. Pero, al mismo tiempo, puede ocurrir que un padre o una madre humille a su hijo, destruya su personalidad, discrimine entre él y sus hermanos, ignore sus necesidades afectivas o lo trate con dureza y violencia, justificando todo ello bajo el nombre de «educación». El islam no aprueba una educación así. El hijo también es un ser humano, dotado de personalidad, sentimientos, dignidad y derechos.

Agencia de Noticias AhlulBayt (ABNA): si quieres que tu hijo te respete, enséñale primero a respetar.

En nuestra cultura religiosa, el respeto a los padres ocupa un lugar sumamente elevado. El Sagrado Corán, inmediatamente después del mandato del monoteísmo, ordena al ser humano hacer el bien a sus padres, y dice:

«وَقَضَیٰ رَبُّکَ أَلَّا تَعْبُدُوا إِلَّا إِیَّاهُ وَبِالْوَالِدَیْنِ إِحْسَانًا...»

Dios ha decretado que no adoréis sino a Él y que hagáis el bien a vuestros padres; y si uno de ellos, o ambos, alcanzan la vejez junto a ti, no les digas ni una palabra que pueda apenarlos, háblales con respeto y extiende sobre ellos el ala de la humildad y el cariño.

Este versículo muestra con claridad que el hijo es responsable ante sus padres. Pero, ¿es esta relación únicamente unilateral? ¿Acaso, por el simple hecho de ser «padres», les está permitido tratar al hijo de cualquier manera, mientras que el hijo está obligado a respetarlos en toda circunstancia?

La mirada del islam no es esa.

En la lógica islámica, la familia no es un lugar para humillarse mutuamente, sino un espacio de educación, cariño, dignidad y respeto de los derechos recíprocos. Así como el hijo puede incurrir en la «desobediencia a los padres» (uquq al-ualidain) por no respetar sus derechos, los padres también son responsables ante el hijo si desatienden los derechos de este.

La desobediencia no es solo cosa del hijo

En una tradición del Mensajero de Dios (PB) se relata lo siguiente:

«Así como el hijo puede desobedecer a sus padres, los padres también pueden convertirse en desobedientes hacia su hijo.»

Y en la recomendación que el Mensajero de Dios (PB) dirigió a Amir al-Mu'minin, Imam Alí (P), se relata:

«Que Dios maldiga a los padres que eduquen mal a sus hijos y provoquen así su propia desobediencia.»

Esta enseñanza transforma nuestra mirada sobre la relación entre padres e hijos.

A veces creemos que todo el peso de la familia recae sobre el hijo: debe respetar, obedecer, callar, soportar y nunca responder a sus padres. Pero, al mismo tiempo, puede suceder que un padre o una madre humille a su hijo, destruya su personalidad, discrimine entre él y sus hermanos, ignore sus necesidades afectivas o lo trate con dureza y violencia, justificando todo ello bajo el nombre de «educación».

El islam no aprueba una educación de este tipo.

El hijo también es un ser humano, dotado de personalidad, sentimientos, dignidad y derechos.

El derecho del hijo no es solo comida y ropa

Amir al-Mu'minin, Imam Alí (P), enumera los derechos que el hijo tiene sobre el padre, entre ellos un buen nombre, la educación en las buenas maneras y la enseñanza del Corán.

En otras tradiciones se habla también del derecho del hijo sobre el padre en cuanto a un buen nombre, la instrucción y la preparación del terreno para el matrimonio, e incluso contar con un empleo y una ocupación adecuados se considera parte de los derechos del hijo.

Por lo tanto, la responsabilidad de los padres hacia el hijo no consiste únicamente en proporcionarle alimento, ropa y vivienda.

Una educación correcta es, en sí misma, uno de los derechos más importantes del hijo.

La educación, además, es un concepto amplio: abarca las necesidades físicas, espirituales, morales y de fe del hijo. El cariño, el cumplimiento de las promesas, el trato justo entre los hijos, el respeto a su personalidad, el premio y el castigo correctos, la atención a sus amistades y a su entorno, así como la enseñanza de la religión y del Corán, forman parte de esta responsabilidad.

El padre o la madre que exige respeto de su hijo debe saber que el respeto no es algo que se obtenga simplemente mediante la orden y la imposición.

«¡Respeta!» no basta

Si unos padres dicen constantemente a su hijo:

«Respeta a tus mayores.»

Pero, en cambio, lo humillan en casa, se dirigen a él con palabras inadecuadas, cuestionan su personalidad delante de otros, o reaccionan con violencia cada vez que comete un error, no pueden esperar que el niño aprenda el verdadero significado del respeto.

El niño aprende más de la conducta de sus padres que de sus palabras.

Si quieres que tu hijo te hable con respeto, háblale tú primero con respeto.

Si quieres que no grite cuando se enoja, no grites tú cuando te enojas.

Si quieres que no mienta, sé fiel a las promesas que le haces.

Si quieres que no destruya la reputación de los demás, no destruyas tú la tuya propia ante los demás.

El hijo aprende el respeto de sus padres, tal como aprende muchos otros comportamientos.

El Profeta (PB): sé amigo de tu hijo

El Mensajero de Dios (PB) dice:

«Que Dios tenga misericordia del padre que ayude a su hijo por el camino del bien, que lo trate con benevolencia, que sea su amigo, que lo instruya y le enseñe buenos modales.»

La expresión «que sea su amigo» merece una profunda reflexión.

La relación entre padre e hijo no debe ser meramente la de quien manda y quien obedece. Los padres, además de su papel educativo, deben ser también un refugio afectivo para el hijo.

El hijo que en su hogar siente seguridad, cariño y respeto habla con más facilidad, expresa sus problemas y busca refugio en sus padres para resolver sus dificultades. En cambio, el hijo que teme la humillación, los gritos y el reproche constante puede buscar su refugio fuera de la familia, en lugar de dentro de ella.

Ni siquiera en la severidad debe quebrarse la personalidad del hijo

Se relata que el Imam as-Sadiq (P) narró que el Mensajero de Dios (PB) dijo:

«Que Dios tenga misericordia de quien ayude a su hijo a hacer el bien.»

Cuando se preguntó al Profeta (PB) cómo debía ayudarse al hijo, respondió que se debía aceptar lo que este hiciera bien y con facilidad, pasar por alto aquello que le resultara difícil, no imponerle deberes duros e insoportables y no tratarlo con necedad ni dureza.

Esta tradición encierra una importante lección educativa:

educar es algo distinto de quebrar la personalidad del niño.

No se trata de que los padres aprueben todos los errores del hijo, ni de que acepten cualquier petición o dejen de fijarle límites. Pero corregir una conducta es diferente de humillar una personalidad.

Se puede decir:

«Lo que hiciste no estuvo bien.»

Pero no se debe inculcar al niño:

«Tú eres una mala persona.»

Es posible corregir un error sin destruir la autoestima del hijo.

Respetar al hijo no significa falta de disciplina

A veces, cuando se habla de respetar al niño, algunos suponen que ello significa que el hijo puede hacer lo que quiera y que los padres no deben tener ninguna autoridad.

Sin embargo, el respeto es distinto de la ausencia de normas.

Los padres pueden establecer reglas para el hijo, advertirle de sus errores, poner límites frente a una conducta incorrecta e incluso corregirlo con fines educativos; pero todo ello debe ir acompañado del respeto de su dignidad y de su personalidad.

Un padre con autoridad no es lo mismo que un padre humillante.

Autoridad significa que el hijo sepa qué es correcto y qué no lo es; humillación significa hacer que el hijo sienta que él mismo carece de valor.

Cariño, justicia y cumplimiento de las promesas

Uno de los derechos importantes de los hijos es el trato justo por parte de los padres.

La discriminación entre los hijos puede causar una herida profunda en la familia: que uno sea siempre «el buen hijo» y el otro sea constantemente comparado con su hermano o hermana.

«Mira lo buena que es tu hermana, ¿por qué tú no eres como ella?»

Quizás para los padres se trate de una frase sencilla, pero para un niño puede tener un significado muy pesado:

«No soy suficiente.»

Por otra parte, el cumplimiento de las promesas también reviste gran importancia. Si los padres hacen una promesa al hijo, no deben olvidarla sin motivo. De estos comportamientos aprende el niño a confiar, a asumir responsabilidades y a respetar.

El respeto es un comportamiento recíproco

Una familia sana no es aquella en la que una persona siempre exige respeto y la otra siempre está en deuda.

El respeto es un comportamiento mutuo.

Es cierto que la posición de los padres no es igual a la del hijo, y que el hijo tiene obligaciones particulares hacia sus padres, tal como el Sagrado Corán insiste en el buen trato hacia ellos. Pero esta diferencia de posición no significa que el hijo carezca de derechos.

Los padres no pueden decir:

«Como somos tus padres, podemos tratarte como queramos, y tú solo tienes la obligación de respetarnos.»

Desde la perspectiva islámica, los padres también son responsables ante el depósito que Dios les ha confiado.

El hijo no es propiedad personal de los padres; es un depósito divino.

Y un depósito debe conservarse con fidelidad.

La desobediencia a los padres: una advertencia para ambas partes

En la misma tradición en que se habla de la desobediencia, el Profeta (PB) formula una advertencia seria sobre la relación entre padres e hijos.

En la tradición se dice:

«El paraíso es un lugar puro que Dios ha creado, y su fragancia se percibe desde una distancia de dos mil años; pero quien desobedece a sus padres, quien rompe los lazos de parentesco... no percibirá el aroma del paraíso.»

Esta advertencia demuestra que la falta de respeto y la ruptura de los vínculos familiares no son un asunto pequeño ni carente de importancia.

Pero, para prevenir esta situación, no basta con decirle al hijo:

«Cuídate de no caer en la desobediencia.»

También hay que decirles a los padres:

cuidaos de no actuar de manera que empujéis a vuestro hijo hacia la desobediencia, el distanciamiento y la ruptura con la familia.

A veces un hijo guarda silencio durante años, soporta durante años y no dice nada; pero esto no significa que no exista ninguna herida.

Antes de exigir respeto a tu hijo…

Ser padre o madre no solo genera derechos; también genera responsabilidades.

Si quieres que tu hijo esté a tu lado en la vejez, hoy, en su infancia, permanece tú a su lado.

Si quieres que escuche tus palabras con respeto, escucha tú sus palabras con respeto.

Si quieres que comparta contigo sus problemas, no hagas nada que le haga temer tu juicio y tu reproche.

Si quieres que en el futuro te trate con cariño, no le niegues hoy tu cariño.

Y si quieres que, el día en que envejezcas, tu hijo te tome de la mano y permanezca a tu lado con ternura, no apartes hoy con violencia la mano de tu niño.

Conclusión

Cuando el islam habla del respeto a los padres, no describe una familia en la que solo una de las partes tiene derechos y la otra únicamente obligaciones. Es cierto que el hijo tiene el deber de preservar la honra de sus padres, y que el Corán prohíbe incluso dirigirles la más mínima palabra hiriente; pero, junto a este deber, los padres también tienen obligaciones graves hacia el hijo.

Un buen nombre, la instrucción, la educación, el cariño, la justicia, el cumplimiento de las promesas, el acompañamiento, el respeto de la dignidad y evitar la dureza y la humillación forman parte de los derechos del hijo.

Así pues, si exiges respeto a tu hijo, comienza por ti mismo.

El respeto no puede exigirse únicamente; hay que vivirlo.

Es posible que un día tu hijo sea más grande y más independiente que tu propio hogar, pero la imagen del «respeto» que hayas construido en su mente permanecerá con él durante años.

Así que, antes de decir:

«Hijo mío, respétame»

pregúntate una vez a ti mismo:

«¿He respetado yo a mi hijo tanto como espero que él me respete a mí?»

Porque el respeto en la familia no es una orden unilateral; es una relación de dos direcciones que comienza en los padres y continúa en los hijos.

Autora: Fátima Purabás

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